jueves, 28 de agosto de 2014

Juvencia



Como todos los días, Juvencia tenía que levantarse a las 3:00 am para dar de desayunar a su esposo, repartidor de leche.

Juvencia se sentía tranquila de llevar a cabo la rutina común, todo aquello típico de una ama de casa - ¿acaso había otra cosa? - a ella le parecía que no. Miraba con recelo a las mujeres que trabajaban, a las madres solteras, a las divorciadas que tenían novio y a las que no cumplían cabalmente las labores domésticas. Nunca hablaba mucho de eso, no se metía en chismes ni comentarios porque eso no era de “señoras de su casa” aunque al platicar con su hija y dentro del hogar, reprobaba ese tipo de actitudes. Se jactaba de ser “muy mujer” porque además de las labores domésticas, sabía bordar, tejer, coser y hacer todo tipo de manualidades, además preparaba el mole “como mandan las costumbres”.
Su matrimonio y su familia eran lo que se esperaba, ella así lo había imaginado, por eso se sentía tranquila y bien.

La señora Otilia era una de sus tantas conocidas, diez años mas grande que ella. Viuda, con tres hijas y una herencia que le permitía vivir de sus rentas. Se le veía joven aunque vestía aseñorada porque - “uno de señora debe vestir como lo que es”- decía con mucho orgullo, comentario con el que Juvencia estaba completamente de acuerdo, a sus 26 años ella actuaba, vestía y hablaba como una de 40.

De entre todas sus conocidas Juvencia sentía una inclinación especial hacia la señora Otilia. Le caía bien por ser una mujer honorable, de su casa, dedicada a sus hijas, no como aquellas “busconas”. Su comportamiento, pues,  estaba de acuerdo a los valores y costumbres que Juvencia apreciaba, y le agradaba su charla y  compañía.


Un día, cosa rarísima en Juvencia, invitó a Otilia a ver su colección de carpetas bordadas con listón en tela deshilada. Aceptó gustosa y llegó a la casa de su anfitriona con su propia colección, llevó también galletas hechas por una de sus hijas a quienes había educado para retener un marido junto a ellas, idea que también compartía Juvencia.

Mientras veían las carpetas y tomaban café, a Juvencia se le fue el tiempo muy rápido; hace mucho no se relajaba tanto ni se sentía tan bien. Habían pasado del tema de las técnicas de bordado a la educación de los hijos y  lo mal que estaba la sociedad actual “tan falta de valores”. Juvencia no recordaba hace cuanto no pasaba una tarde así de feliz, se sintió  cómoda y pensaba en que no quería que ese momento se acabara pero tenía que terminar, era hora de preparar la cena y volver a la rutina que terminaba con el día. Otilia entendió, no se ofendió, sabía que eso era lo prudente y se ofreció a ayudarle a doblar y guardar las carpetas, al hacerlo hubo un roce entre sus manos, fue electrizante, Juvencia sintió un escalofrío recorriendo todo su cuerpo, jamás había experimentado algo similar; por una fracción de segundo sus miradas se encontraron, se sonrojó e inmediatamente volteó en otra dirección, siguieron platicando normalmente.

Esa noche Juvencia estaba inquieta, la mirada  de Otilia le venían a la mente, intentaba desviar sus pensamientos, se repetía a ella misma que le estaba dando demasiada importancia, pero en el fondo no podía olvidar esos profundos ojos negros y el electrizante roce que le recorrió  el cuerpo.

A la mañana siguiente se encontraron en el tianguis, se saludaron y siguieron el camino juntas acompañándose en las compras. Se reían, platicaban y terminaron acordando que al siguiente día cocinarían juntas. Así lo hicieron y la tarde siguiente fueron a comprar estambre,  otro día se organizaron para comprar lo necesario y preparar juntas un pastel, después Otilia le platicó que tenía un recetario de gelatinas y pasaron por semanas haciéndolas todas. Las tardes eran divertidas, Juvencia se sentía viva, hacia el resto de sus actividades con mucho ánimo, cantaba aquí y allá; su esposo apenas y se daba cuenta de ello pero apreciaba que últimamente había mas postres y mejores guisos.
Por su parte, Otilia compraba material para hacer manualidades, pasaba por alguna mercería y pensaba en Juvencia, en lo que podría gustarle; compraba el listón mas bonito, la chaquira mas brillante e ideaba cosas que sabían le gustarían a ella. Se seguían hablando de usted, se decían: “señora Juvencia”, “señora Otilia” a pesar de que pasaban ya mucho tiempo juntas y parecía haber confianza entre ellas.

Juvencia se sabía feliz, sonreía todo el día y desde que Otilia apareció en su vida, agradecía despertar y le emocionaban  las actividades que diario planeaban. Otilia sentía lo mismo, nunca se lo dijeron la una a la otra,  es mas, nunca  pensaban mucho en eso, sólo sentían.

Ocurrió que Juvencia un día se enfermó, una gripe muy fuerte la tumbó en la cama y Otilia decidió ayudarle a sus quehaceres y cuidarla. Cuando le llevó su caldo de pollo y la acompañó en su cama para que se la comiera, permaneció un rato platicando ahí con ella. Juvencia se quedó dormida y se recargo en el hombro de Otilia, eso le conmovió muchísimo, nunca había sentido tanta ternura, paso sus dedos por el cabello de Juvencia y terminó en su mejilla, ella se sobresaltó un poco y entreabrió lo ojos, vio la cara de Otilia y se sintió enormemente reconfortada, mas protegida que nunca, una sensación de bienestar la sorprendió, sonrió y volvió a dormir. Nunca antes había tenido un sueño tan profundo como el de esa tarde entre los brazos de Otilia.

Semanas después Juvencia se encontró a la señora Consuelo, vecina de la colonia desde hace muchos años, la interceptó. Ella nunca acostumbraba tener pláticas comprometedoras con nadie pero la señora fue insistente en querer decirle lo que últimamente se rumoraba entre las vecinas, Juvencia accedió a escuchar. Consuelo, tímidamente y con mucho tacto pero con un dejo de morbo, le contó que se rumoraba que Otilia era amante de su esposo, que por eso no salía de la casa - ¿Qué otra razón tendría para estar ahí metidota? - y que era obvio que últimamente se arreglaba mucho mas, que se le veía muy feliz a él y que para todas era indignante que además de todo se burlara de Juvencia acompañándola a todos lados haciéndose pasar por su amiga.
Ella no quiso escuchar mas, le dijo a la señora Consuelo que eso no era cierto pues nunca una mujer como ella lo permitiría, tenía clase y dignidad y su esposo no era capaz, se dio media vuelta y se fue no sin antes alcanzar a escuchar lo que la señora Consuelo dijo: “ la misma reacción de la señora Otilia”.

- Así que la señora Otilia ya había escuchado el rumor - pensó Juvencia mientras lavaba los trastes. No paró de llorar toda la tarde, sabía lo que seguía, no podía ser diferente.

Otilia llegó esa tarde a su casa como siempre, Juvencia abrió la puerta; hubo sonrisas tímidas y largos silencios hasta que Otilia al fin habló - Señora Juvencia, le traje esto – dijo con voz entrecortada,  puso sobre la mesa una caja; Juvencia la abrió. Era un cuadro bordado en punto de cruz, un paisaje lleno de flores y colores, en la parte de abajo su nombre enmarcado con enredaderas y flores de Liz, sus favoritas. Juvencia admiró aquello y se le llenaron los ojos de lágrimas, Otilia solo alcanzó a decir - espero le guste - y sabían que era el final. Tomó su bolsa y dijo adiós, Juvencia la acompañó a la puerta y contempló como Otilia se alejaba. Antes de dar la vuelta a la esquina volteó, iba llorando, levantó la mano agitándola y Juvencia se sintió morir.

Pasaron muchas semanas para que Juvencia pudiera volver a sonreír, se sostenía en sus hijos y sabía que seguir su rutina y con su familia era lo mejor, pero sentía un hueco y no sabía qué hacer.

Después de un año todo volvió a la normalidad, ella siguió despertándose al sonido de la alarma y sintiéndose tranquila, pero nunca  feliz, excepto cuando cerraba los ojos y venía a su mente la sonrisa  y la mirada de Otilia junto con su aroma que percibía como si la tuviera ahí cerquita, entonces recordaba con enorme alegría los que habían sido los mejores días de su vida.

miércoles, 27 de agosto de 2014

¿Han leído a Aaron Benitez?

Lo encuentran en Facebook con ese nombre y su blog es aaronbenitez.com yo lo leo con regularidad y me gusta porque no habla de una sola cosa, habla de su vida, de emprender, de su negocio, de su trabajo, de sus reflexiones y los temas son variados, su blog y sus textos no hablan nunca de una sola cosa.

Por mucho tiempo he tratado de "enfocarme" en una sola cosa. A ver Aline ¿A qué te vas a dedicar en serio y qué vas a dejar como hobbie?. A ver, tienes un blog, no hables de tu vida profesional ahí, para eso haz otro blog, y en este sólo habla de tu vida personal, total, nadie lo lee. El blog profesional úsalo para agregarlo a tu CV y que vean que le sabes a esto de las redes sociales.

Pero ya no, ya la capté. Leyendo a Aaron Benitez me di cuenta de un error que había cometido: intentar volverme experta en algo cuando en realidad me llaman y me vibran un montón de temas de los cuales no sé si llegaré a ser experta pero si me informo y reflexiono y platico con amigos y me gusta escribirlos, así que...aquí voy.

¿Para qué separar lo que soy y pienso? Así que mejor pásele al chisme, la lloradera, la risa, la reflexión, a los consejos útiles sobre el tema al que me dedico, al tema de emprender y sobre todo al de fracasar cuando quieres emprender, (¡soy experta! pregúntenme)  y a temas random que vayan surgiendo. Lo único que puedo hacer es dividirlos en etiquetas por si a alguien en este inmenso mundo le interesa algo en concreto.

Antes de éste blog tuve otro, ese si tenía visitas y comentarios (eran otros tiempos hijos míos) y tuve trolls y ataques en otros blogs hacia mi y mis contenidos y bueno, había mas vida y movimiento que en éste; cometí el error de borrarlo y volver a empezar. Aquí no hay mucho, ni tengo muchos años con éste, pero voy de nuevo y eso si prometo, no borrarlo.

A ver a dónde llegamos esta vez. Y de verdad, lean el blog de Aaron Benitez, ya luego deciden si les gusta o no.