Al menos para mi es difícil aceptarlo, por cuestiones de ego. Pero al repasar mi pasado siempre termino pensando: ¿y si en lugar de tal decisión hubiera tomado ésta otra? e imagino qué hubiera sido de haber tomado ese otro camino. Aveces sacudo la cabeza y pienso que igual nada hubiera sido mejor de lo que es hoy.
Son decisiones que tomé y que en su momento me costaron trabajo, situaciones en las que pensé mucho y analicé una y otra vez las consecuencias, debo admitir que en la mayoría de los casos me equivoqué con las predicciones y no sucedió lo que yo creía y que en gran medida era lo que me inclinaba a tomar la decisión.
Cuando platico esto, la mayoría de la gente niegue que le ocurra lo mismo, casi todos parecen estar muy seguros de sus decisiones y sus consecuencias, yo en realidad creo que mienten.
Sin embargo, esta incertidumbre, esta inseguridad que aveces me atormenta y que viene a mi cabeza con cierta frecuencia, hace que me sienta realmente orgullosa cuando pienso en aquellas decisiones que tomé y que salieron bien, que fueron lo que yo pensaba o que incluso superaron mis espectativas.
Cuando hay un punto de comparación, es cuando realmente puedes calificar lo bueno y lo malo.
Asi que, al final, todo tiene un objetivo y quizá aquello que ha salido de la rechingada tiene la función de hacerte voltear a ver y aferrarte a aquello que si te ha salido bien.
Como siempre insisto, ojalá todos fuéramos mas honestos al respecto de nuestras debilidades.
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