Asi dice una canción de calle 13, habla acerca de las virtudes y la fuerza de latinoamérica, pero en estos días la frase ronda en mi cabeza por otras razones.
"Tengo a mis pulmones respirando azul clarito", hace unos días a Jorge, mi esposo (que por cierto la palabra esposo y marido no me gustan, no por el concepto o lo que involucra, no tiene que ver con eso, sólo no me gustan como palabras, ninguna de las dos suenan bien, asi que siempre me resulta incómodo decirle así, pero no porque no me acomode el estado civil, si no porque las dos palabras en si me resultan feas) en fin, que le dio un ataque de asma y hasta el hospital fue a dar, al principio no me asusté, nunca he escuchado de alguien que muera por un ataque de asma, pensé en que sólo debíamos ir a que le dieran nebulizaciones, una inyección si acaso y ya, pero no fue asi, todo se complico y después de dos horas las cosas no mejoraban, su color había cambiado, empezaba a verse ojeroso y con manchas en la frente y dijo algo que me aterró: "ya me cansé de respirar", en ese momento me asusté, realmente me asusté; pensé en qué sucedería si el agotamiento llegaba a tanto que de plano desistiera de respirar que llegara un punto en que el cuerpo ya no respondiera ni a la adrenalina y por cansancio él ya no pudiera seguir respirando.
Finalmente el doctor nos recomendó hospitalización pues requería de otro tipo de medicina y sobre todo monitoreo, ya en el hospital no pasó mucho tiempo para que su respiración volviera a la normalidad... de nuevo todo en calma, una sacudida, susto, mi corazón a mil, al final del día estábamos en casa como siempre, en el mejor lugar del mundo, nuestra "nación de dos" como escribe Kurt Vonnegut en "madre noche": nuestra cama.
Después de esto le he insistido mucho y me he repetido a mi misma, la maravilla que es respirar, oxigenar tu cuerpo, respirar azul clarito (pese a todo, aquí todavía hay cielo azul) esas mañanas frescas, o en la noche cuando hay viento.
Pero aqui estamos de nuevo incorporándonos a la rutina, esa que ya después de unos días te impide pensar y sentir en las necesidades básicas y las funciones vitales como una maravilla de la naturaleza si no como algo dado por hecho en lo que no piensas hasta que se vuelve a ir.
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